Recuerdo de una tarde

Poema de Enrique González Martínez



¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal? . . .
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar. . .

Mis ojos eran hechos para formas sensibles;
me embriagaba la línea, adoraba el color;
apartaba mi espíritu de sueños imposibles,
desdeñaba las sombras enemigas del sol.

Del jardín me atraían el jazmín y la rosa
(la sangre de la rosa, la nieve del jazmín)
sin saber que a mi lado pasaba temblorosa,
hablándome en secreto, el alma del jardín.

Halagaban mi oído las voces de las aves,
la balada del viento, el canto del pastor,
y yo formaba coro con las notas suaves,
y enmudecían ellas y enmudecía yo. . .

Jamás seguir lograba el fugitivo rastro
de lo que ya no existe, de lo que ya se fue. . .
Al fenecer la nota, al apagarse el astro,
¡oh sombras, oh silencio, dormitabais también!

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar...


                     Vídeo/poema: El insecto





Mejora el físico para que los demás te valoren y mejora la mente para quererte tu mismo.


 Cuando nos conmueve las cosas simples de la vida, desarrollamos la sensibilidad digna de un poeta, para apreciar los detalles y los acabados perfectos. La naturaleza  está lleno de esto  y buscar esos paisajes de disfrute personal, sin duda nos cambia el ánimo y nos permite seguir nuestro camino con fuerzas renovadas. Lejos del parloteo banal y sin sentido que ahoga la humanidad, prefiero el murmullo del arroyo, el trino de los pájaros y ser espectador con ellos de un sol que solemne se va.



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